Hasta con su pelo castaño bastante despeinado como lo llevaba en aquel instante, a T le parecía bellísima. La blusa casera en algodón que llevaba realzaba inocentemente sobre la esbelta cintura su busto bien desarrollado, y aunque se la veía un poco cansada, al llamar con la mano a su marido sonreía con sonrisa luminosa, juvenil. T lo sentía tan de veras que al volverla a ver después de haber pasado el día fuera de casa siempre experimentaba la tentación de decirle:
"¡ Qué hermosa eres !" Pero no se lo decía porque sabía desde hacía mucho tiempo que la suya era quizá la única mujer del mundo a la que no le gustaban aquella clase de cumplidos. En cierta ocasión le pidió con verdadera impaciencía en la voz: " No me digas que soy bonita; esto me lo dicen desde los doce años; Dime que soy un ama de casa sin rival, o que no tengo una sola partícula de egoísmo en mi cuenta ".
T fue a su encuentro apresuradamente.
P A G E 13 + 2
No hay comentarios:
Publicar un comentario